Esa emoción de ir al estadio

Hace un poco más de cinco años que dejé de ir al estadio como hincha. Después del Mundial de Alemania ingresé de lleno al mundo periodístico y asistir al estadio a ver a la Selección ahora se vive de manera distinta.

Sin embargo, tuve la suerte de vivir las dos Eliminatorias más emocionantes: La de Corea y Japón 2002 y la de Alemania 2006. En las dos tengo grandes recuerdos de esos largos días en las gradas del Olímpico Atahualpa.

Del camino al Mundial del 2002 me quedan como principal recuerdo dos partidos. El primero cuando Ecuador se enfrentó a Argentina en el Atahualpa y los gauchos nos ganaron con dos goles de Geovanny Ibarra, perdón de Juan Sebastián Verón. Ese día llegamos desde Tulcán con mi papá y antes de entrar al estadio pasamos por Marathon Sports comprando una camiseta de Boca Juniors que me encantaba.

Y el otro recuerdo ocurrió el 7 de noviembre del 2001. Ese día también vinimos de Tulcán con mi papá. Él me premiaba con ese regalo por haber pasado los supletorios de quinto curso. Ese 7/11/2001 yo cumplía 17 años y con mi padre celebrábamos el tradicional San Ernesto.

El gol del Flaco Kaviedes hizo que mi papá y yo explotáramos en un solo abrazo. Aunque él no sabía, yo ya me tomaba mis cervezas, pero como a él no le gusta, esa clasificación la festejamos con Coca Cola y luego fuimos a comer al CCI. Al otro día había que regresar a Tulcán y debíamos descansar.

Del Mundial de Alemania me quedan los recuerdos con mis amigos de la Universidad. Fuimos a varios partidos. Yo ya vivía en Quito e ir al estadio a ver a la Selección era una obligación.

Esas largas tardes con cerveza, baraja, lluvia, risas… son inolvidables, porque para el Mundial de Alemania nos iba casi siempre bien. Recuerdo el partido ante Chile, donde cayó tremenda granizada, pero después el gol de Kaviedes terminó por emocionar a todos.

Hoy la vida es distinta. Al estadio ya no voy desde las 10 de la mañana a tratar de ganar un buen puesto en la general. Hoy voy a almorzar con mi esposa y después puedo entrar tranquilamente al palco o a la cabina de Radio Quito a comentar un poco.

Hoy transmito pasión. Hoy trato de escribir para el periódico como si estuviera en las gradas compartiendo con la gente, trato de transmitir emoción, el fútbol en su esencia. Si hago algún comentario en la radio, lo vivo como si fuera un hincha más.

Pero la pasión que tenía de muchacho y que tengo ahora es la misma o quizás más grande. Siento la misma emoción, las mismas ansias, las mismas ganas de querer estar en el estadio desde temprano, las mismas ganas de que Ecuador les pase por encima a los peruanos.

Si sienten esa misma pasión, no dejen de ir al estadio. Esas largas jornadas en el Atahualpa nunca se olvidan. Debe ser el espacio donde uno se siente más libre que nunca. Y sobre todo, a los jugadores les hace muy bien ver el estadio a reventar. ¡Nos vemos, me voy a almorzar y luego al Atahualpa!

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