Había escuchado sobre la carta del hincha de Independiente de Avellaneda que circuló hace un par de semanas. Varios medios levantaron el texto y vi muchos comentarios en Facebook y Twitter de que la carta en realidad era conmovedora. No di click en ninguno de los links que tuve a mano… no recuerdo el motivo, pero nunca leí la carta.
Hoy la encontré en el relato de Juan Pablo Varsky. La verdad, si es que no hubiese sabido que se trata de una carta, hubiese pensado que era un cuento. Se me hizo muy parecido -por lo conmovedor y por el relato radial- al famoso cuento del Negro Fontanarrosa: ’19 de diciembre de 1971′, que se encuentra en un post en este mismo blog.
Luciano Olivera es el hincha de Independiente que le escribe a su padre -ya fallecido-. La carta resume dos cosas que tienen que ver mucho conmigo: el fútbol y el amor a mi papá. El texto es emotivo y en cada frase el autor describe el cariño y respeto que siente por su padre, el que además lo hizo hincha de Independiente de Avellaneda, ese poderoso equipo ganador de 7 Copas Libertadores y que el sábado pasado perdió la categoría por primera vez en su historia . El texto es de tal calidad que parece escrito por el mejor novelista. Además, el relato de Juan Pablo Varsky le agrega una emoción que contagia a cualquiera.
Me habían advertido que ir a ver un partido en el estadio de Boca era casi imposible. “No hay entradas”, “todo se llevan los socios”, “la reventa es carísima”, “por la más barata vas a pagar USD 200”… fueron algunas de las advertencias. Yo, necio.
Llegamos a Buenos Aires con mi esposa y si bien ella sabía de mis intenciones de estar en un partido en La Bombonera, no conocía mis reales intenciones: haría cualquier cosa por ir a ver a Boca, no importaba contra quien jugara.
Apenas abandonamos el aeropuerto de Ezeiza y después de cruzar alguna información básica con la guía que nos fue a recoger (Marcela, nunca supimos su apellido, pero se portó muy amable), le tiré la pregunta: Queremos ir a ver a Boca, ¿es muy difícil? Ella dio la mejor respuesta: “Y, difícil no es, te va a costar”. Prácticamente fue un: “Bienvenidos a Buenos Aires”.
Ella tomó su teléfono, charló por algunos segundos con alguien, colgó y me dijo: “un chico que siempre me ayuda con esto dice que tiene platea alta a 700 pesos y platea baja a 800”. Nosotros llegamos a la Ciudad de la furia el viernes por la noche, Boca jugaba el domingo por la noche y el tipo de esta agencia nos esperaba hasta el sábado a las 18:00. Dibujé la sonrisa más grande y disfruté del viaje hasta el hotel.
Al siguiente día hicimos el clásico city tour y claro, el bus pasó por la Bombonera antes de llegar a Caminito. Yo ya había conocido la Bombonera un par de años antes y le contaba a mi esposa algunas historias del día en que conocí el estadio de Boca, pero que no pude ver ningún partido. Le tiré el centro y ella metió el cabezazo directo al ángulo.
-¿Mi vida vamos mañana al partido de Boca?
-Bueno chiquito. Llámele a Marcela para asegurar las entradas.
Buenos Aires empezaba a ser la mejor experiencia de mi vida. Regresamos al hotel a mediodía y crucé algunas llamadas con la guía. El pacto fue que nosotros dejáramos el dinero en la recepción del hotel y que el domingo a las 18:00 pasarían a recogernos para ir al estadio. El precio de la entrada incluía el transporte, algo fundamental para no correr riesgos un domingo por la noche en La Boca, uno de los barrios más bravos de Buenos Aires.
Lo del precio es un capítulo aparte. Al cambio oficial, la platea alta (700 pesos) nos hubiese costado alrededor de USD 140 y la platea baja (800 pesos) alrededor de USD 160. Pero la economía argentina se encuentra tan débil que el mercado negro ha hecho de las suyas. Los gauchos, tan a su estilo, para no llamarlo dólar negro -como en todo el mundo- han bautizado a este mercado clandestino como dólar blue. Cuando escuche este calificativo pensé de inmediato en Diego Maradona y una de sus frases célebres: “más falso que dólar celeste”, para referirse a algunos como Blatter, Beckenbauer y Platini. Hoy, el dólar blue ha llegado a cotizarse hasta en 10 pesos y por eso le pusieron el nombre de Dólar Messi en honor al 10 del FC Barcelona.
Llegó el domingo. Largo domingo. Desayunamos y fuimos directo al Teatro Colón. Hermoso lugar y fantástico concierto de violín y piano. Después caminamos hasta Plaza de Mayo y recorrimos la Feria de San Telmo. Tomamos un taxi hasta Recoleta para admirar el Cementerio donde están los restos de Eva Perón y otros ídolos argentinos. Visitamos la Iglesia Nuestra Señora del Belén y almorzamos en el Café La Biela, un clásico de Buenos Aires. Visita obligada a la Facultad de Derecho –vale decir que mi esposa es abogada-. Caminata, fotos, caminata y taxi de vuelta al hotel.
Dieron las 18:00 y bajamos al lobby bien vestidos de azul y oro. Teníamos cierto recelo porque dejamos dinero y no habíamos recibido ninguna confirmación. El representante de la agencia estuvo puntual, nos presentó a la guía y se fue. Dijo que él no iba a poder acompañarnos, pero que María Clara iría con nosotros a la cancha. Subimos a la van y empezó el recorrido para recoger a otros turistas. Todos eran gringos, ¡vah!, en verdad eran británicos, que no hablaban ni jota de español.
El trayecto hasta La Boca fue idéntico al que se mira en los documentales. Por todas las calles se respira fútbol en Buenos Aires y conforme se avanza hasta la cancha aparecen los buses repletos de hinchas vestidos de azul y oro, colgando de la puerta y flameando las banderas por las ventanas. Todos los colectivos de la línea 64, la que llega directo a la Bombonera, iban a reventar.
La guía nos entregó a cada uno el carnet de un socio y nos dio las indicaciones antes de llegar al estadio. “Nunca entreguen este carnet. Cuando lleguemos solo lo levantan y lo muestran, luego hay otro filtro y ahí lo vuelven a mostrar, luego lo acercan a la maquinita y los dejan pasar. No saquen las cámaras y los celulares hasta que estemos adentro”. Yo, necio. Tenía que tomarme una foto antes de entrar.
El autobús se estacionó a unas cuantas cuadras de la Bombonera y desde ahí debimos caminar. En el trayecto se inhala fútbol. Los colores azul y oro se incrustan en la sangre y es imposible no contagiarse de esa pasión. Yo naufragaba en un mar de emociones, estaba cumpliendo uno de mis sueños; mientras mi esposa hacía gala de su magnífico inglés con los británicos y traducía las conversaciones para que yo me pueda integrar a la charla de fútbol inglés vs. fútbol argentino.
Llegamos a la puerta y sucedió tal cual lo que la guía nos había dicho. Mostramos el carnet dos veces, luego lo pasamos por la maquinita y oficialmente habíamos ingresado a la Bombonera. De pronto, ¡un agente de policía lo agarra a uno de los británicos!, luego al otro, luego al otro y luego a mi. Teníamos que poner nuestro dedo pulgar en una máquina que identificaba a los hinchas que tienen prohibido asistir al estadio de Boca. Todos pasamos, por suerte.
Ingresamos y la entrada por la que habíamos pagado era de primera fila, literalmente. Faltaba más o menos una hora para el inicio del partido y La 12 (barra brava de Boca), empezaba a hacer de las suyas. Ya sin temor alguno saqué la cámara, el IPhone y empecé a inmortalizar el momento. Fotos de todos los ángulos posibles. La 12 prácticamente nos cantaba en las orejas. De pronto saltó Boca a la cancha y lo que sucedió después ya se pudo ver por televisión.
El resultado fue lo de menos (empate 0-0 frente a Lanús del mellizo Guillermo Barros Schelotto que también fue ovacionado en su regreso a la cancha de Boca, pero ahora como DT). Durante todo el partido hice gala de mi conocimiento de cada una de las barras que retumbaban en el estadio, pero aprendí una que me faltaba: “River decime qué se siente, haber jugado el Nacional, te juro que aunque pasen los años, nunca lo vamos a olvidar… Que te fuiste a la B, quemaste el Monumental, esa mancha no se borra nunca mas… Che gallina sos cagón, le pegaste a un jugador, que cobardes los borrachos del tablón!!!!”.
La noche terminó en la calle Corrientes. Vestidos de azul y oro fuimos a cenar con mi esposa. Ese domingo será inolvidable. Cumplí uno de mis sueños junto al amor de mi vida.
Eso de que la Bombonera no tiembla, late, es verdad.
Les dejo mi columna de hoy (28/01/2013) en Últimas Noticias: ‘Chiriboga, el patrón del fútbol’. El viernes pasado, mi amiga Gabriela Pazmiño me preguntó: «¿Por qué nadie puede pararle a Luis Chiriboga?». Por el poder que tiene, respondí. Así nació todo.
Chiriboga, el patrón del fútbol
El otro día alguien me preguntaba: «¿Por qué nadie puede pararle a Luis Chiriboga?». Por el poder que tiene, respondí.
El mandamás de la Federación Ecuatoriana de Fútbol llegó a ser omnipotente. «Que todo lo puede», según la Real Academia Española.
El ‘canal del fútbol’, o como se lo quiera llamar, fue otro de sus caprichos. Chiriboga no dialogó con nadie y en poco tiempo lo puso en marcha. Todo se cocinó a su antojo.
Además, el ingeniero es muy astuto. A los clubes los puso contra la espada y la pared. Liga de Quito y Liga de Loja tuvieron que prohibir a Teleamazonas la transmisión de sus partidos, a pesar de tener un contrato de por medio.
La culpa es de los mismos dirigentes, quienes en enero de cada año aplauden el informe de Luis Chiriboga (¡lleva 15 años en el cargo!). Y también de algunos periodistas -muchos hoy se arrepienten- que tanto han socapado.
Anoche, después de salir del periódico preparando la edición de Últimas Noticias -con el título 14 de Barcelona en la portada- sintonicé Mach Deportes (92.9FM) y el Comandante Freddy Tobar reportaba que los hinchas de Barcelona se estaban congregando en la Tribuna de Los Shyris. Decidí pasar por los festejos.
Cientos de personas llegaron hasta este sector de la ciudad para celebrar la estrella 14 del Ídolo del Ecuador. La mayoría eran miembros de la Sur Oscura Quito que hasta llevaron bombos y tambores. Les dejo este video para deleite de todos los hinchas de Barcelona.
Este cuento es de lectura obligatoria para los amantes del fútbol. El Negro relata la historia de un grupo de hinchas de Rosario Central, que secuestran a otro hincha para llevarlo al estadio Monumental de River Plate para ver una semifinal contra Newell’s. El viejo Casale era la cábala para ganar el partido, pero no podía ir porque estaba enfermo del corazón.
La historia es fantástica. Para que se eviten la fatiga de leer, les dejo el cuento relatado por el periodista Alejandro Apo. Es simplemente genial, no dejen de escucharlo.
El gol de Michael Arroyo fue de esos que hacen afición. Un zapatazo y un estallido en el Olímpico Atahualpa. Muy pocas veces he escuchado una bulla tan impresionante como la de hoy. Les dejo este video del festejo después del gol de ‘gambetita’.
Les dejo la columna de Esteban Ávila Villagómez que se publica este viernes en Últimas Noticias. Coincido totalmente en lo que dice. Le canta la plena a Luis Chiriboga y a muchos dirigentes que se creen dueños de la pelota y no tienen la menor idea. Los responsables del actual éxito de la Selección son, en un 95%, los jugadores que hicieron un pacto y lo están cumpliendo.
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Directivos que se roban la película
Quien no sabe de fútbol lo oye a Luis Chiriboga y cree que él hizo dos goles frente a Chile o marcó bien a un jugador rival en Venezuela.
Es que el Ingeniero está mal acostumbrado, gracias a cierta prensa cómplice que le sirve como caja de resonancia, a atribuirse como cosa personal los triunfos o buenos momentos de la Selección.
Chiriboga, necio sería negarlo, sabe de fútbol y, sobre todo, es astuto y sabe moverse bien en aguas subterráneas.
En la FEF destaca por eso y, además, porque está rodeado de nulidades, cuyo papel es el de áulicos y funcionales para todo trabajo.
Los triunfos de hoy son de los jugadores, quienes demuestran estar compenetrados en la causa. Además, el cuerpo técnico carga con su cuota de éxito, por su sabiduría para cambiar el mal rumbo que llevaba. ¿Los dirigentes? Que no se roben la película.
El Toti y Tiago de esta semana está genial. A su estilo hacen una crítica de los boletos, la ordenanza y los bolsillos vacíos de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. Esperamos sus críticas y comentarios.
Les dejo mi columna publica el lunes (16/07/2012) en Últimas Noticias, donde hablo de la ordenanza aprobada por el Municipio de Quito. Espero sus comentarios.
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‘A alguien se le cayó un gran negocio’
En cada partido que la Selección Ecuatoriana de Fútbol juega en el estadio Olímpico Atahualpa, la FEF publica en el marcador electrónico el boletaje vendido y la recaudación obtenida. Habitualmente, el promedio de personas que ingresa al estadio, según ese reporte, suele ser 38 mil. Sin embargo, para los que frecuentemente asistimos a los encuentros de eliminatorias es fácil darnos cuenta que eso es falso.
Si en verdad asistieran 38 mil, los pasillos quedarían libres, la cancha no estaría repleta de gente, no tendrían que habilitar la tribuna debajo del marcador electrónico, no habría que llegar con seis o siete horas de anticipación.
Con la ordenanza que aprobó el Municipio de Quito, el problema para la Ecuafútbol recién empieza. Los dueños de nuestro fútbol ahora deberán tomarse las cosas en serio y organizar eventos de primer nivel.
Esa amenaza de llevar a la Tri a Guayaquil raya en lo ridículo. Parece patadas de ahogado. Queda la sensación que a alguien se le está cayendo un gran negocio y muy poco puede hacer para evitarlo.
Lo más urgente por solucionar ahora son los dos próximos partidos de Ecuador como local (frente a Bolivia y Chile). La cuestión es que gran parte de la taquilla ya está vendida, sin numeración como exige la nueva ordenanza. ¿Qué va a hacer la FEF? Pago por ver.