El peor problema es el moral

Mi columna publicada en Últimas Noticias el lunes 18 de agosto del 2014.

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El peor problema es el moral

A la Federación Ecuatoriana de Fútbol se le han abierto innumerables frentes después de la Copa del Mundo. La huelga de futbolistas, la guerra con la familia Paz, la lista de invitados a Brasil, las facturas de Vinicio Luna y muchos otros.

Pero ninguno de esos problemas ha sido enfrentado por la Ecuafútbol con claridad. En su discurso, Luis Chiriboga siempre ha iniciado su defensa argumentando que la FEF es un ente privado y que no tiene porqué dar explicaciones a nadie.

Más temprano que tarde nos olvidaremos de todos esos escándalos, Chiriboga utilizará alguna cortina de humo –como siempre lo hace- y en poco tiempo estaremos hablando de otra cosa.

Y ese es el principal problema de nuestro fútbol, el moral. Más allá de cambiar reglamentos o escoger a los mejores directores técnicos, lo que tenemos que aprender en este país es algo de honestidad.​

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El extraño amistoso que montó la FEF

Les dejo mi columna publicada este lunes 21 de abril del 2014 en Últimas Noticias. Es mi opinión sobre ese amistoso-burla que la FEF montó por culpa de las dudas que tienen Reinaldo Rueda y que en cuatro años no ha podido solventar. Espero sus comentarios.

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El extraño amistoso que montó la FEF

El extraño amistoso que montó la Federación Ecuatoriana de Fútbol entre un combinado local y las ‘estrellas extranjeras’ tiene una sola explicación: las dudas de Reinaldo Rueda sobre los jugadores que va a llevar al Mundial de Brasil.

La FEF y Luis Chiriboga creen que pueden engañar a los hinchas vendiendo a este partido como “un microciclo para sacar conclusiones” y “la oportunidad para que la Selección se despida de su hinchada”. No todos nos comemos ese cuento.

La verdad es que a Rueda le hace falta un defensa y un delantero y solo para buscar una opción en esas posiciones montó toda esta parafernalia.

¿Quiénes parten con ventaja? De todos los convocados los más opcionados para meterse en la lista definitiva son Luis Checa y Carlos Tenorio. No era necesario todo un show y vendérselo a la gente como la gran solución de la Ecuafútbol y su entrenador.

El homenaje de Zeta Bosio y La Ley a Gustavo Cerati

Este miércoles 26 de febrero, el maestro Zeta Bosio saltó al escenario del festival de Viña del Mar con su nueva banda: La Ley.

Bosio ya había colaborado en otras ocasiones con la banda chilena, pero desde hace algunos meses atrás se juntó definitivamente en este reencuentro de La Ley con Beto Cuevas a la cabeza.

A propósito, La Ley anuncia concierto para el 12 de abril en el Ágora de la Casa de la Cultura de Quito, con la presencia de Zeta Bosio en el bajo.

Aquí les dejo el video del momento en el que Zeta Bosio le dedica ‘Crimen’ a Gustavo Cerati en el escenario de la Quinta Vergara en Viña del Mar.

Momento emotivo, absolutamente emotivo.

Saritama y el jugador que no pudo ser

Les dejo mi columna publicada este lunes 10 de febrero en el Diario Últimas Noticias. Habla de Luis Fernando Saritama, un jugador con el que he tenido la suerte de hablar en algunas ocasiones y a quien respeto mucho como futbolista y como persona. Siempre se ha portado muy amable conmigo. Digo esto porque hubo quien me reclamó por esta columna y donde digo lo que pienso. Saritama es un buen jugador, pero entrará en la historia como uno de los más brillantes. 

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Saritama y el jugador que no pudo ser

Luis Fernando Saritama no será recordado en la historia por ser uno de los jugadores más hábiles de nuestro fútbol. Más bien, su huella quedará impregnada por su trascendencia con la camiseta del Deportivo Quito.

Muchos pensamos que el nivel del 2008, 2009 y 2010 le alcanzaría para jugar en un gran equipo del exterior y que la camiseta azulgrana no era su techo.

Pero en un momento de desesperación, Saritama aceptó la propuesta menos indicada y fichó por Liga, el rival al que él siempre quiso ganarle. Eso valió para que los hinchas de la AKD lo juzgaran por siempre.

Un año más tarde, LFS10 se va de la ‘U’ sin haber logrado nada y además con el rechazo de la hinchada blanca. A estas alturas de su carrera, Saritama ya no tendrá la gran oportunidad que siempre buscó y ahora empezará el declive del jugador que es y no del que pudo ser.

Adiós Últimas Noticias

Así es. Llegó el día. Me voy de Últimas Noticias. Hace más de ocho años que ingresé al vespertino de Quito para hacer una pasantía cubriendo ligas barriales y ahora me despido con una profunda pena y nostalgia en mi corazón.

El 9 de mayo del 2005, después de una particular entrevista en la que Leonel Bejarano me preguntó la alineación de Barcelona campeón de 1997 y se la recité de memoria, empecé como pasante en el Diario de Quito. Les soy sincero, apenas había visto en un par de ocasiones el periódico que desde ese día me abrió las puertas.

Fue una pasantía inolvidable. Mi primer trabajo serio, mi primera nota publicada en un periódico, mi primera cobertura en un partido de la Selección, muchas canchas barriales recorridas en infinitos fines de semana… muchas primeras veces. Fueron siete meses que los disfruté al máximo. Últimas fue mucho más que mi lugar de trabajo, fue casi mi casa.

Por esas cosas de la vida la pasantía terminó abruptamente en diciembre del 2005, pero después de pasar seis meses pateando latas, Leonel volvió a confiar en mi. Justo cuando estaba terminando mis estudios en la Universidad Católica (en pleno Mundial del 2006), me llamó y me dijo:

-Mijo, ¿qué hace?
-Terminando la U, Leo
-¿Quiere trabajar?
-¡Claro!
-Pero no en Deportes
-De una Leo, no hay problema

El 14 de julio del 2006 -exactamente hace siete años- volví a Últimas Noticias a la sección Sucesos. Después de algunos meses donde no di pie con bola, me cambiaron a Espectáculos. Creo que ahí me fue mejor y permanecí durante un año entre conciertos, lanzamientos de discos, bares, etc. Y el primero de agosto del 2007 -también por esas casualidades de la vida- regresé a Futbolero. Otra vez me sentía como pez en el agua. Tengo que darle las gracias al Leo, cada vez más valoro la confianza que él tuvo en mi a pesar de que yo era apenas un muchacho novato.

Como reportero de la sección deportes permanecí hasta septiembre del año pasado, cuando Carlitos Mora me eligió para ser el coordinador del vespertino capitalino. Un honor haber ocupado ese espacio que hoy llega a su final.

Parece poco, pero durante estos años aprendí todo lo que sé sobre periodismo, conocí y aprendí de mucha gente, disfruté cada jornada, viajé dentro y fuera del país, conocí lugares… Tantos momentos, tantas personas, tantas alegrías, tantas lecciones… Aprendí a querer a Últimas como pocos.

Les quiero dar las gracias a todos los que pasaron por el “Ultimitas corazón” mientras yo estuve ahí. Me quedan enormes recuerdos de muchas personas, pero quiero saludar a algunos: Leonel Bejarano, Freddy Álava, Dayana Paredes, Kelly Recalde, Jorge Cruz, Gisella Haro, David Lucero, Bernarda Rueda, Alejandro Páez, Diana Lozada, Andrea Durán, Magüi Bravo, Carlos Espinosa, Estéfano Dávila, Mónica Jara, Samuel Fernández, Verónica Tapia, Alejandro Ribadeneira, Evelyn Jácome, Ana Guerrero, Viviana Macías, Javier Ortega, Paola Enderica, Mayra Tamayo, Alessandro León, Luis Fernando Orquera, Jorge Luis Rubio, Edwing Encalada, Omar Ganchala, Javier López, Paúl Buenaño, Julio César Díaz, José López, Jorgito Ribadeneira… Seguro se me quedan algunos nombres y les pido disculpas. Mucha gente ha pasado por Últimas en este tiempo.

Pero hay dos nombres que quiero destacar en especial. El de mi amigo Esteban Ávila, con quien hemos librado varias batallas en estos años y de quien he aprendido y sigo aprendiendo hasta ahora. Un tipo al que le tengo mucho aprecio.

Y el de Carlos Mora, una de las mejores personas que conozco. En este casi año en la coordinación -y en general desde que ingresé a Últimas-, he aprendido de él grandes lecciones, he aprendido a hacer portadas, a tener métodos, a trabajar bajo presión, a ser ágil, a ser más profesional, a saber reaccionar, a dar soluciones y no problemas… pero sobre todo he aprendido de la vida: a saber valorar las cosas importantes, a conocer a la gente, a ser un caballero, a tener paciencia, a ser honesto, a saber controlarme, a saber decir la palabra correcta en el momento oportuno. Gracias por todo eso y por tu amistad Morita.

Desde este martes 16 de julio empiezo una nueva etapa. Por ahora no puedo comentarles dónde voy a estar ni a qué me voy a dedicar, lo único que sí puedo decirles es que sigo en Grupo El Comercio y que mantendré mi columna de los lunes ‘Toco y Me Voy’ en Últimas Noticias. Pronto tendrán novedades.

Otra vez gracias a todos los que en su momento defendieron la camiseta de Últimas Noticias. Solo los que han pasado por aquí conocen ese sabor distinto que se siente pertenecer al Diario de Quito.

No pensé que me iba a dar tanta pena y nostalgia despedirme de Últimas Noticias, pero me voy con la frente en alto y con el orgullo de haberme entregado por completo a este producto que sigue su camino indetenible. Como dijo el Carlitos Mora, el vespertino recién cumplió sus primeros 75 años.

¡Vayan a conocer la Basílica!

Siempre había querido visitar la Basílica del Voto Nacional. Confieso que nunca antes la había conocido, apenas la había visto por fuera y siempre me pareció imponente, hermosa e impresionante.

Hasta que llegó el día. Con mi esposa decidimos ir a visitar esta preciosa iglesia capitalina (ella ya la conocía). No soy bueno para la historia, pero leyendo un poco encontré que se empezó a construir en 1883 y que se terminó en 1924 y que es la iglesia de estilo neogótico más grande de América Latina. Otra de las bellezas que tiene la capital del Ecuador.

De entrada me llamó la atención ver constantemente la imagen de Juan Pablo II. Resulta que el Papa viajero la bendijo en 1985 en su visita al país. También me sorprendió conocer que debajo de la iglesia hay un cementerio que aprovechamos para visitar. Declaro mi ignorancia en este tema y por eso creo que todo me llamó la atención.

Empezamos a recorrer la iglesia y uno encuentra todo tan perfecto. La estructura, el edificio, los impresionantes vitrales, las escaleras, las gárgolas, las naves, las puertas, las estatuas, los santos… hasta sus miradores. Es un lujo apreciar el norte, centro y sur de la ciudad desde cualquiera de los balcones de la Basílica.

No les cuento más, les dejo algunas imágenes y les recomiendo que vayan a visitar la Basílica del Voto Nacional. En verdad vale la pena. Cada vez entiendo más porqué los turistas extranjeros se enamoran de nuestro país.

La Bombonera no tiembla, ¡late!

Me habían advertido que ir a ver un partido en el estadio de Boca era casi imposible. “No hay entradas”, “todo se llevan los socios”, “la reventa es carísima”, “por la más barata vas a pagar USD 200”… fueron algunas de las advertencias. Yo, necio.

Llegamos a Buenos Aires con mi esposa y si bien ella sabía de mis intenciones de estar en un partido en La Bombonera, no conocía mis reales intenciones: haría cualquier cosa por ir a ver a Boca, no importaba contra quien jugara.

Apenas abandonamos el aeropuerto de Ezeiza y después de cruzar alguna información básica con la guía que nos fue a recoger (Marcela, nunca supimos su apellido, pero se portó muy amable), le tiré la pregunta: Queremos ir a ver a Boca, ¿es muy difícil? Ella dio la mejor respuesta: “Y, difícil no es, te va a costar”. Prácticamente fue un: “Bienvenidos a Buenos Aires”.

Ella tomó su teléfono, charló por algunos segundos con alguien, colgó y me dijo: “un chico que siempre me ayuda con esto dice que tiene platea alta a 700 pesos y platea baja a 800”. Nosotros llegamos a la Ciudad de la furia el viernes por la noche, Boca jugaba el domingo por la noche y el tipo de esta agencia nos esperaba hasta el sábado a las 18:00. Dibujé la sonrisa más grande y disfruté del viaje hasta el hotel.

Al siguiente día hicimos el clásico city tour y claro, el bus pasó por la Bombonera antes de llegar a Caminito. Yo ya había conocido la Bombonera un par de años antes y le contaba a mi esposa algunas historias del día en que conocí el estadio de Boca, pero que no pude ver ningún partido. Le tiré el centro y ella metió el cabezazo directo al ángulo.

-¿Mi vida vamos mañana al partido de Boca?

-Bueno chiquito. Llámele a Marcela para asegurar las entradas.

Buenos Aires empezaba a ser la mejor experiencia de mi vida. Regresamos al hotel a mediodía y crucé algunas llamadas con la guía. El pacto fue que nosotros dejáramos el dinero en la recepción del hotel y que el domingo a las 18:00 pasarían a recogernos para ir al estadio. El precio de la entrada incluía el transporte, algo fundamental para no correr riesgos un domingo por la noche en La Boca, uno de los barrios más bravos de Buenos Aires.

Lo del precio es un capítulo aparte. Al cambio oficial, la platea alta (700 pesos) nos hubiese costado alrededor de USD 140 y la platea baja (800 pesos) alrededor de USD 160. Pero la economía argentina se encuentra tan débil que el mercado negro ha hecho de las suyas. Los gauchos, tan a su estilo, para no llamarlo dólar negro -como en todo el mundo- han bautizado a este mercado clandestino como dólar blue. Cuando escuche este calificativo pensé de inmediato en Diego Maradona y una de sus frases célebres: “más falso que dólar celeste”, para referirse a algunos como Blatter, Beckenbauer y Platini. Hoy, el dólar blue ha llegado a cotizarse hasta en 10 pesos y por eso le pusieron el nombre de Dólar Messi en honor al 10 del FC Barcelona.

Llegó el domingo. Largo domingo. Desayunamos y fuimos directo al Teatro Colón. Hermoso lugar y fantástico concierto de violín y piano. Después caminamos hasta Plaza de Mayo y recorrimos la Feria de San Telmo. Tomamos un taxi hasta Recoleta para admirar el Cementerio donde están los restos de Eva Perón y otros ídolos argentinos. Visitamos la Iglesia Nuestra Señora del Belén y almorzamos en el Café La Biela, un clásico de Buenos Aires. Visita obligada a la Facultad de Derecho –vale decir que mi esposa es abogada-. Caminata, fotos, caminata y taxi de vuelta al hotel.

Dieron las 18:00 y bajamos al lobby bien vestidos de azul y oro. Teníamos cierto recelo porque dejamos dinero y no habíamos recibido ninguna confirmación. El representante de la agencia estuvo puntual, nos presentó a la guía y se fue. Dijo que él no iba a poder acompañarnos, pero que María Clara iría con nosotros a la cancha. Subimos a la van y empezó el recorrido para recoger a otros turistas. Todos eran gringos, ¡vah!, en verdad eran británicos, que no hablaban ni jota de español.

El trayecto hasta La Boca fue idéntico al que se mira en los documentales. Por todas las calles se respira fútbol en Buenos Aires y conforme se avanza hasta la cancha aparecen los buses repletos de hinchas vestidos de azul y oro, colgando de la puerta y flameando las banderas por las ventanas. Todos los colectivos de la línea 64, la que llega directo a la Bombonera, iban a reventar.

La guía nos entregó a cada uno el carnet de un socio y nos dio las indicaciones antes de llegar al estadio. “Nunca entreguen este carnet. Cuando lleguemos solo lo levantan y lo muestran, luego hay otro filtro y ahí lo vuelven a mostrar, luego lo acercan a la maquinita y los dejan pasar. No saquen las cámaras y los celulares hasta que estemos adentro”. Yo, necio. Tenía que tomarme una foto antes de entrar.

El autobús se estacionó a unas cuantas cuadras de la Bombonera y desde ahí debimos caminar. En el trayecto se inhala fútbol. Los colores azul y oro se incrustan en la sangre y es imposible no contagiarse de esa pasión. Yo naufragaba en un mar de emociones, estaba cumpliendo uno de mis sueños; mientras mi esposa hacía gala de su magnífico inglés con los británicos y traducía las conversaciones para que yo me pueda integrar a la charla de fútbol inglés vs. fútbol argentino.

Llegamos a la puerta y sucedió tal cual lo que la guía nos había dicho. Mostramos el carnet dos veces, luego lo pasamos por la maquinita y oficialmente habíamos ingresado a la Bombonera. De pronto, ¡un agente de policía lo agarra a uno de los británicos!, luego al otro, luego al otro y luego a mi. Teníamos que poner nuestro dedo pulgar en una máquina que identificaba a los hinchas que tienen prohibido asistir al estadio de Boca. Todos pasamos, por suerte.

Ingresamos y la entrada por la que habíamos pagado era de primera fila, literalmente. Faltaba más o menos una hora para el inicio del partido y La 12 (barra brava de Boca), empezaba a hacer de las suyas. Ya sin temor alguno saqué la cámara, el IPhone y empecé a inmortalizar el momento. Fotos de todos los ángulos posibles. La 12 prácticamente nos cantaba en las orejas. De pronto saltó Boca a la cancha y lo que sucedió después ya se pudo ver por televisión.

El resultado fue lo de menos (empate 0-0 frente a Lanús del mellizo Guillermo Barros Schelotto que también fue ovacionado en su regreso a la cancha de Boca, pero ahora como DT). Durante todo el partido hice gala de mi conocimiento de cada una de las barras que retumbaban en el estadio, pero aprendí una que me faltaba: “River decime qué se siente, haber jugado el Nacional, te juro que aunque pasen los años, nunca lo vamos a olvidar… Que te fuiste a la B, quemaste el Monumental, esa mancha no se borra nunca mas… Che gallina sos cagón, le pegaste a un jugador, que cobardes los borrachos del tablón!!!!”.

La noche terminó en la calle Corrientes. Vestidos de azul y oro fuimos a cenar con mi esposa. Ese domingo será inolvidable. Cumplí uno de mis sueños junto al amor de mi vida.

Eso de que la Bombonera no tiembla, late, es verdad.

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